Muchos hablaban de la belleza de comprender el amor y sentir agujas en las vísceras. En los bares le contaron historias de corazones libres, pulmones atascados y almas de mar, de ojos derretidos en crepúsculos perdidos, de flores de primavera y vientos y tiempos ardiendo en cenizas. Él busco esas historias en cada esquina de la ciudad; llenaron su mente de ideas y sensaciones que rastreó en arcenes y rascacielos, en pájaros alados surcando cielos lejanos, en sueños de azufre. Y bajo la almohada y tras las cortinas y en el abismo y en la lluvia y en el trueno. Pero nunca nadie le dijo que se puede amar la soledad.
viernes, 23 de mayo de 2008
martes, 20 de mayo de 2008
Subconsciente
martes, 13 de mayo de 2008
Silencio
Entre las sábanas despertó Karen. Le costó trabajo salir de entre ellas ya que sus ojos aún podían ver escasa luz, cegados por el sueño, y sus manos eran tremendamente inútiles para desmontar ese amasijo de capas que la envolvían. Karen había perdido el tacto sólo nacer. Segundos después de que él doctor le tocase la cabeza para ir sacándola de la vagina de su madre -"¡Ya sale, ya!"- perdió el tacto. Sólo pudo notar la mano del doctor y el calor de esta, el calor humano aunque no fuese el de sus padres como acostumbra a pasar. Fue algo realmente rápido.
Amaneció muy rápidamente y el Sol impuso su soberanía en el cielo y en la casa y en sus almas y en sus mentes y en todo lo que había en ese mundo. En todo, sólo a excepción de Lucie. Era muda. Karen hablaba con ella y le respondía con signos. Cómo si le hablase a una pared, una muralla cansada de vigilar y deshaciéndose en cenizas.
- En serio, odio las mañanas, es como si perdiese la mitad de los cuatro sentidos que tengo.- dijo Karen.
- Yo también las odio. Pero a la vez las amo. Depende del día.
- ¿De que depende?
- De si he dormido bien o no. Si duermo bien el día es una dictadura insportable, con todos sus sonidos, a los que no puedo contestar, pero si he dormido mal el día me parece una maravilla. Hoy es del segundo tipo. Como volver a nacer. Te lo juro, me siento cómo en el momento en que ves tantos ojos observándote al nacer. No sabes lo duro que es escuchar el silencio nocturno y no poder contestarle con más silencio. Es como si se te anuncia la muerte y luego por la mañana te ves resucitada. Y entre medio sólo hay un hiato de tiempo, un poco de sueño si tengo suerte. Soy muda pero una muda muy poco hábil. Al silencio no puedo llegar, es algo que no creo poder conseguir.
Gestos y más gestos.
Gestos también en la cara de Karen por lo que le decía. Una cara de tonta.
- Entonces depende de la noche. Me habías dicho que dependía del día.
- Por favor, es una expresión común Karen.
- ¿Común?¿Y desde cuando somos comunes?
Silencio, y de verdad. Respiración. Lo había logrado en el momento menos esperado.