domingo, 16 de marzo de 2008

Autoretrato

Adoraba esa sensación de caminar descalzo por la arena. Que sus pies se hundieran. Sentir ese calor penetrante de un verano que se aproximaba. Notar la frescura del viento palpando su cara, el chisporroteo de agua de mar que acariciaba dulcemente sus pies con cada pequeña ola que rompía ante él y que aliviaba el escozor en las plantas de sus pies. Admiraba como una soledad tan definida y un silencio tan inhumano pudieran decir tanto. Todo aquello era vicioso. Entonces era el momento de sentarse en su taburete y empezar a deslizar el pincel para dibujar lo hasta ahora escrito. Acababa y se encontraba ante su perfección hecha imperfección. Le cohibía su incapaz de describir sus sensaciones con aquellos viejos pinceles y esa era la razón por la que día tras día estaba allí, el mismo camino, el mismo ritual, las mismas sensaciones, ese estúpido dibujo que no conseguía hablar por si solo. Pero ese día, que para él se presentaba como cualquier otro, el sol de mediodía era tenue, el mar gritaba desde sus adentros y cada ola se le aproximaba para mojarlo agresivamente, el viento era duro y no tan apetecible como solía, la niebla baja y densa. Tubo que hacer esfuerzos para situar el caballete en algún sitio donde las hojas no pasaran por si solas y le costó más que nunca empezar a dibujar. Un primer trazo. Débil, un hachazo arrogante de pincel enfadado que impregno el papel de un azul intenso. Era un azul único, parecía como si este fuese la metamorfosis de sus colores con el transparente soplido del viento, y a la vez agridulce ya que era imperfecto, arriesgado, era como una aguja que le enflaquecía. Un segundo trazo, este fuerte. Tan fuerte que los colores utilizados se desdibujaban en una gama indescriptible y el salpiqueo de pintura bañaba las aguas de colores no humanos, de colores que su simple mente no llegaba a comprender. Trazos y más trazos, voluntarios y involuntarios que tan individuales y separados entre sí se unían llevados por las gotas de agua que impregnaban el papel de un difuminado que arrugaba la obra y la hacia aún más obra. El papel era caos, un caos abismal, un caos en armonía con su entorno, una tormenta de fenómenos y sensaciones. Él. Preguntas, sorpresa, inquietud. No comprendía qué sucedía, no comprendía como sus manos habían consagrado la perfección, como el día más gris era el más pintoresco. Entonces, pasó ella. Ya no la esperaba,.Con un día así no esperaba que ella siguiese su paseo rutinal al borde de mar, y sin embargo ella allí estaba como solía. Ya se había acostumbrado a verla pasar, a observar su frondoso cabello frágilmente tratado por el levante, a deleitarse con la belleza de su silueta y su belleza aparente, a intentar hacer converger la mirada de la chica con la suya , a llegar al punto álgido del sueño erótico que compartían. Pero esa mañana de mayo su andar era muy diferente, parecía intranquila y no simbiótico con el paisaje como acostumbraba a ser, y ella se tambaleaba como una mecedora de lado a lado. Súbitamente, con un gesto un tanto brusco, se giró hacia él realizando un movimiento de parábola y le deshizo con la mirada mientras se le acercaba. Nervios, tiriteo y temblor en los músculos, palpito incontrolable. Ella se puso justo detrás suyo y observó su obra. No la miraba, la observaba, la analizaba. Y ella preguntó con una voz que a él le pareció el vivo reflejo de la inocencia de su interior:
-¿Existe lugar tan agitado y a la vez tan puro?
Descontrol mental. Diez palabras que juntas ridiculizaban a aquello a lo que llamaban magia, palabras que por sí solas tenían un escaso valor, palabras que juntas no eran más que palabras para cualquier hombre sobre la Tierra, pero para él eran su respuesta. Entonces se abalanzó sobre ella y se consumieron en un sueño de pasión bajo la niebla que era cada vez más compacta y que los encubría trasladándolos a un vacío cosmológico que era sólo suyo.

Hoy la playa de ese bohemio pintor parece incapaz de albergar tormentas y en sus cálidas arenas hay un papel, aquella gran obra maestra, ahora mohosa y cuyos tonos azules son más claros y espesos por el baño de las aguas marinas. Bajo este, está escrito en la arena: Autoretrato.

1 comentario:

temptacions dijo...

Guilleeeeeem!
Oye, veo que le vas pillando el tranquillo ;)))))))))))


enhorabuena chico, no está mal.
Te iré evaluando MUY DURAMENTE!

progresas adecuadamente!
tkiero Willy