¡¿Cuánto cuesta darse cuenta?!
La palabra es una marea que se desgasta y vuelve con toda la mierda que recoje por el camino. Divina mierda.
Y el boligrafo no sangra más de esa mierda por apretar más fuerte contra el papel.
Eso, a estas alturas, lo doy por hecho.
Quizás sería mejor dejarlo volar.