Llegó allí, donde mucho antes había vivido. Como un exiliado que vuelve a su tierra, a sus raíces.
- Por fin.
- ...
- Llevaba tantos años esperándote, acariciando tu recuerdo. Respirándote. Y tú tan lejos.
- Entonces preferirás ese pasado, yo he cambiado mucho.
- Lo dudo. Sé que sigues siendo el mismo, aquel chaval con el que compartía las tardes y anocheceres frente a las llanuras de mar. Ebrios de eternidad. Aquellos paseos en días agridulces. Te conozco. A mi no puedes engañarme con un traje y una corbata.
- De verdad te pido que lo dejes. Solo he regresado por negocios. No insistas, soy otro. Alguien muy diferente. La vida me ha enseñado cosas nuevas y me he ido adaptando. No queda nada de aquel al que tanto querías y que tantas cosas bonitas te decía; además no te conviene que te vean conmigo. La gente no acepta lo que soy ahora.
- ¿Lo que eres ahora? Ahora mismo estas siendo un arrogante mentiroso. Y digo estas, justo en este instante. Negando tu propia realidad. Tú no sabes ser cruel, tu espíritu es tan puro y tu corazón sigue tan enamorado como siempre. Eres incapaz de aprender a no quererme.
- ¿Te he dicho también que me he casado?
- ...
- ...
- Mientes. Veo cómo desvías tu mirada. Como te tiemblan las piernas. Como sufren y gritan tus vísceras. . ¿Por qué te niegas a admitirlo?
- No niego, sólo estoy afirmando. He tanteado muchos precipicios, he sentido náuseas que me avisaban de un vomito de conciencia. He luchado en vano por conseguir aquello que he deseado, por entender, y la monstruosidad de la avaricia que me rodea sólo me ha permitido vestir esta chaqueta cara. Yo ya lancé los sentimientos en una de esas laderas y ahora solo veo lo que pasa de verdad. No tengo la tentación de imaginar. Cuando imagino, cuando siento, estropeo todo. Me desespero. Impregnamos todo de sentimientos para intentar entendernos a nosotros mismos y sólo conseguimos absurdidad. Una tremenda y eterna absurdidad.
- En esas caídas, en esta absurdidad de la que hablas, ¿había amor?
- Supongo que estaba aparcado. En los recobijos del alma. Lo olvidé. Y me alegro de ello.
- Ese amor sigue ahí donde lo aparcaste. Es este amor el que hace al hombre. No hay amor sin hombre, no hay hombre sin amor. Queda intacto y acecha cuando lo niegas, cuando desmientes sentirlo. Acabaras por entenderlo, sin necesidad de buscar la respuesta como antes.
- En ese caso ahora debería acechar y no noto nada especial. Sólo que intentas engañarme.
- No te engaño. Es más, vives cegado de amor. Te marchaste de aquí por miedo a sentir que algún día te rechazase, te alejaste cuanto pudiste. Te levantabas por amor y desayunabas amor. Pero ese amor se transforma en sufrimiento cuando no puedes bañarte en la mirada del que amas. Luego creas armas de defensa contra el propio amor, pero siempre movido porque este sigue vivo, ardiente, quemándote las entrañas. Decidiste dejarlo todo, tu vida, tu familia, todos los demás sentimientos, por él, no por no comprender. Y si no comprendías era porque no querías aceptar lo que de verdad reinaba en el mundo de tu espíritu. Llegaste hasta el punto en el que eras amor, y por tanto, contradicción. Ahora, dime que de verdad no me quieres, que no te deshaces cuando te cojo la mano y que en ese momento no puedes sentir hasta el beso de mis labios.
- ...
- ...
- Admito haberme ido por ti. Haberme dejado llevar por el miedo, por el miedo a tener que salir de esa piscina de plenitud algún día. Admito que noto tus labios en el fluir de mis pensamientos, y no sólo eso, los recuerdo, su sabor, su textura, su olor, sus grietas y su suavidad... Pero es eso: tan sólo recuerdo. ¿Debo decirte de nuevo que no puedo? Que ya no siento nada por nadie, no es nada personal. Me he despojado de toda humanidad. Y soy feliz, o quizás mejor decir que no soy infeliz. No existe lo positivo, pero el hombre crea lo negativo.
- ¿Y si te prometo la felicidad? Te lo daría todo. Flotaríamos en la alegría.
- En realidad no la deseo. Deseo la vida, sin sentido alguno. Vivir tranquilo y sin preocupaciones, cada día un día más y cada día un día menos.
- Es realmente triste. La vida sin búsqueda de la felicidad no es nada. Es muerte. Vete ya si de verdad no tienes nada más que decir, pero yo seguiré amándote, buscaré tus caricias debajo de la almohada como siempre he hecho y esperaré. Esperaré en la eternidad de los mares.
- Hazlo y algún día verás...
- ...
- verás que no hay nada por lo que merezca la pena sufrir.
- ...
- Adiós. Hasta nun...
- ...
Y se marchó, hipócrita y orgulloso, con su amor bajo el brazo, como el ejecutivo con su maletín.
No hay comentarios:
Publicar un comentario