Y desperté de ese sueño. O no. Las imágenes que se habían diluido en aquel instante eterno volvían a recrearse con más credibilidad que antes y se situaban como flashes irritantes entorno a mi. Estábamos tú y yo, y nuestros alter ego. Me confundía verme actuar de manera tan diferente a cómo solía, de manera incluso exasperante y contradictoria, negando mis propias convicciones. Tú, atónita, observabas sin decir palabra. Parecía como si mis entrañas fueran ese yo recreado que gritaba sus verdades, su verdad más intima. Aquella escena me cohibía. Era tan real y a la vez tan inverosímil que me sentía acorralado en el espacio atemporal entre la ficción y la realidad. Lo que mi sueño había constituido se proclamaba verdad mientras que mi mundo real se consumía paulatinamente y tú y yo desaparecíamos. Bueno no, me equivoco, tú aún estabas allí, eras siempre la misma, la misma capaz de eternizar las excusas y, ahora, aún más arrogante e indecisa, capaz de resistir la marca infinita de sangre ajena y haciéndome aún más espectro y vacío. Aquel sueño, el último.
miércoles, 2 de abril de 2008
Último sueño
Y desperté de ese sueño. O no. Las imágenes que se habían diluido en aquel instante eterno volvían a recrearse con más credibilidad que antes y se situaban como flashes irritantes entorno a mi. Estábamos tú y yo, y nuestros alter ego. Me confundía verme actuar de manera tan diferente a cómo solía, de manera incluso exasperante y contradictoria, negando mis propias convicciones. Tú, atónita, observabas sin decir palabra. Parecía como si mis entrañas fueran ese yo recreado que gritaba sus verdades, su verdad más intima. Aquella escena me cohibía. Era tan real y a la vez tan inverosímil que me sentía acorralado en el espacio atemporal entre la ficción y la realidad. Lo que mi sueño había constituido se proclamaba verdad mientras que mi mundo real se consumía paulatinamente y tú y yo desaparecíamos. Bueno no, me equivoco, tú aún estabas allí, eras siempre la misma, la misma capaz de eternizar las excusas y, ahora, aún más arrogante e indecisa, capaz de resistir la marca infinita de sangre ajena y haciéndome aún más espectro y vacío. Aquel sueño, el último.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario