lunes, 4 de mayo de 2009

¿Entender?

Todos, dentro de toda la mierda que rodea nuestra existencia, literal y metafóricamente hablando, sentimos, aunque en algunos casos de manera excesivamente efímera, por miedo o otras varias razones, la necesidad de crear, de generar. De perpetrar algo fuera de nuestro ser, pero análogo a él, tangente en algún aspecto a la situación que vivimos, cómo un anexo necesario para la comprensión de un trabajo: nuestra propia identidad.

Vivimos todos en una sociedad reinada por la avaricia, la codicia y el egoísmo, y aun siendo, cada uno de nosotros, participes de estos tres principios, muchas veces somos capaces de reaccionar ante estos. Entonces, surge el arte: de la disconformidad. Algunos dirán que al ver una preciosa puesta de sol surge arte de su interior como el suave vuelo de una gaviota, y esto no implica ningún tipo de renegación hacia la sociedad. Pues sí, en realidad, la sociedad es la culpable de que esos momentos, esta posibilidad de evasión dentro de uno mismo, no se repitan con más frecuencia. El ritmo acelerado de la sociedad es el peor veneno contra la satisfacción humana: no obstante dentro de esta jeringuilla de represión, nace una pequeña gota de oxígeno, casi imperceptible, pero capaz de salvar al hombre de los caminos agrios de la sociedad. Este tobogan sale de la línea dura y rígida de la cotidianidad y se dirige hacia un espacio, a un terreno de luz y de nada. Allí, escondidos, juegan los hombres a encontrarse a sí mismos. Allí, consigue el hombre abstraerse de su vida, para entender la vida. De un espiral de emociones y sensaciones varias surge la obra de arte, no necesariamente material (ya que una reflexión puede bastar), como las olas de un mar ajetreado, volátiles e imprevisibles.

Y es así, y solo así, a través del arte, como el hombre consigue huir la absurdidad de un mundo que quiere vanamente comprender y que no debe ser comprendido.

viernes, 24 de abril de 2009

"The Love which moves the sun and the other stars."

Aquel día, si lo recuerdas,

sólo tratabamos de construir una casita,

pequeña y acogedora,

nuestra,

y vivir el uno en las visceras del otro.

Y ahora mira:

hemos construido un rascacielos con nuestro amor.

Y vuelve a mirar más tarde:

aún habrá crecido más.

Y quizás lo perderás entre las nubes,

pero sube y verás.

verás que se siente al tener las estrellas,

la luz del sol,

la eternidad entre tus manos.

Sentir que todo lo mueve nuestro amor,

el mundo perdiéndose en nuestros pies,

que pisan firmes,

sin miedo,

sin rencor,

sin penas,

como el verso que cae de una noche de primavera,

y que tu y yo,

juntos,

podemos tocar desde las alturas.

lunes, 20 de abril de 2009

Deseos

Me gusta tocarte,
dibujarte
y borrarte,
animarte
y ser tu ángel.
Me gusta oirte diciendome que no me quieres,
porque se que mientes.
Me gusta besarte
y dormirme en la cuna del beso,
respirar tu aliento enamorado.
Tambien ver en tus ojos el mar
y sentir la eternidad de lo que queda por descubrir,
como un escalofrio en la yema de los dedos.
Construir una barca el uno al otro en esa eternidad.
Jugar a buscarnos entre las nubes mientras viajamos
y a dibujarnos si no nos vemos,
con pinceladas ligeras,
juntos,
juntos como el mar y la tierra
muriendo el uno en las faldas del otro.
Me gusta que me des vida,
que me hagas titere de tus juegos,
que me des amor para desayunar,
y más para cenar,
y al merendar.
Eres vida y me das vida,
pero me matas porque sé que no podré decir
que me gusta que todo lo demás me gustará para siempre.

lunes, 30 de marzo de 2009

Good Will Hunting


"Eres un crío y en realidad no tienes ni idea de lo que hablas. Es normal, nunca has salido de Boston. Si te pregunto por Miguel Angel lo sabes todo: vida y obra, aspiraciones políticas, su amistad con el Papa, su orientación sexual... lo que haga falta. Pero tu no puedes decirme como huele la Capilla Sixtina. Nunca has estado allí y has contemplado ese hermoso techo. No lo has visto. Si te pregunto por las mujeres, supongo que me harás una lista de tus favoritas. Puede que hallas echado unos cuantos polvos. Pero no puedes decirme que se siente cuando te despiertas junto a una mujer y te invade la felicidad. Eres duro. Si te pregunto por la guerra me citarás algo de Shakespeare "De nuevo en la brecha amigos míos". Pero no has estado en ninguna. Nunca has sostenido a tu amigo entre tus brazos esperando tu ayuda mientras exhala su último suspiro. Si te pregunto por el amor me citarás un soneto. Pero nunca has mirado a una mujer y te has sentido vulnerable. Ni te has visto reflejado en sus ojos. No has pensado que Dios ha puesto un ángel en la Tierra para ti para que te rescate de los pozos del infierno, ni que se siente al ser su ángel. Al darle tu amor, darlo todo. No sabes lo que es dormir en un hospital dos meses por que los médicos vieron que el termino horario de visitas no va contigo. No sabes lo que significa perder a alguien. Solo lo sabrás cuando ames a alguien más que a ti mismo. Dudo que te hayas atrevido a amar de ese modo. Te miro y no veo a un hombre inteligente. Veo a un chaval creído y cagado de miedo. Eres un genio Will eso nadie lo niega. Nadie puede comprender lo que pasa en tu interior. En cambio piensas que sabes todo sobre mi por que viste un cuadro y rajaste mi puta vida de arriba abajo. Eres huérfano, ¿verdad?. ¿Crees que sé como ha sido tu vida, quién eres por haber leido Oliver Twist?, ¿un libro basta para definirte?. Personalmente eso me importa una mierda por que no puedo aprender nada de ti de un maldito libro. Pero si quieres hablar de ti, de quien eres... estaré fascinado. A eso me apunto pero no quieres hacerlo, te aterroriza decir lo que sientes. Tu mueves chaval."

viernes, 27 de marzo de 2009

Absurdos hombres

Llegó allí, donde mucho antes había vivido. Como un exiliado que vuelve a su tierra, a sus raíces.

- Por fin.
- ...
- Llevaba tantos años esperándote, acariciando tu recuerdo. Respirándote. Y tú tan lejos.
- Entonces preferirás ese pasado, yo he cambiado mucho.
- Lo dudo. Sé que sigues siendo el mismo, aquel chaval con el que compartía las tardes y anocheceres frente a las llanuras de mar. Ebrios de eternidad. Aquellos paseos en días agridulces. Te conozco. A mi no puedes engañarme con un traje y una corbata.
- De verdad te pido que lo dejes. Solo he regresado por negocios. No insistas, soy otro. Alguien muy diferente. La vida me ha enseñado cosas nuevas y me he ido adaptando. No queda nada de aquel al que tanto querías y que tantas cosas bonitas te decía; además no te conviene que te vean conmigo. La gente no acepta lo que soy ahora.
- ¿Lo que eres ahora? Ahora mismo estas siendo un arrogante mentiroso. Y digo estas, justo en este instante. Negando tu propia realidad. Tú no sabes ser cruel, tu espíritu es tan puro y tu corazón sigue tan enamorado como siempre. Eres incapaz de aprender a no quererme.
- ¿Te he dicho también que me he casado?
- ...
- ...
- Mientes. Veo cómo desvías tu mirada. Como te tiemblan las piernas. Como sufren y gritan tus vísceras. . ¿Por qué te niegas a admitirlo?
- No niego, sólo estoy afirmando. He tanteado muchos precipicios, he sentido náuseas que me avisaban de un vomito de conciencia. He luchado en vano por conseguir aquello que he deseado, por entender, y la monstruosidad de la avaricia que me rodea sólo me ha permitido vestir esta chaqueta cara. Yo ya lancé los sentimientos en una de esas laderas y ahora solo veo lo que pasa de verdad. No tengo la tentación de imaginar. Cuando imagino, cuando siento, estropeo todo. Me desespero. Impregnamos todo de sentimientos para intentar entendernos a nosotros mismos y sólo conseguimos absurdidad. Una tremenda y eterna absurdidad.
- En esas caídas, en esta absurdidad de la que hablas, ¿había amor?
- Supongo que estaba aparcado. En los recobijos del alma. Lo olvidé. Y me alegro de ello.
- Ese amor sigue ahí donde lo aparcaste. Es este amor el que hace al hombre. No hay amor sin hombre, no hay hombre sin amor. Queda intacto y acecha cuando lo niegas, cuando desmientes sentirlo. Acabaras por entenderlo, sin necesidad de buscar la respuesta como antes.
- En ese caso ahora debería acechar y no noto nada especial. Sólo que intentas engañarme.
- No te engaño. Es más, vives cegado de amor. Te marchaste de aquí por miedo a sentir que algún día te rechazase, te alejaste cuanto pudiste. Te levantabas por amor y desayunabas amor. Pero ese amor se transforma en sufrimiento cuando no puedes bañarte en la mirada del que amas. Luego creas armas de defensa contra el propio amor, pero siempre movido porque este sigue vivo, ardiente, quemándote las entrañas. Decidiste dejarlo todo, tu vida, tu familia, todos los demás sentimientos, por él, no por no comprender. Y si no comprendías era porque no querías aceptar lo que de verdad reinaba en el mundo de tu espíritu. Llegaste hasta el punto en el que eras amor, y por tanto, contradicción. Ahora, dime que de verdad no me quieres, que no te deshaces cuando te cojo la mano y que en ese momento no puedes sentir hasta el beso de mis labios.
- ...
- ...
- Admito haberme ido por ti. Haberme dejado llevar por el miedo, por el miedo a tener que salir de esa piscina de plenitud algún día. Admito que noto tus labios en el fluir de mis pensamientos, y no sólo eso, los recuerdo, su sabor, su textura, su olor, sus grietas y su suavidad... Pero es eso: tan sólo recuerdo. ¿Debo decirte de nuevo que no puedo? Que ya no siento nada por nadie, no es nada personal. Me he despojado de toda humanidad. Y soy feliz, o quizás mejor decir que no soy infeliz. No existe lo positivo, pero el hombre crea lo negativo.
- ¿Y si te prometo la felicidad? Te lo daría todo. Flotaríamos en la alegría.
- En realidad no la deseo. Deseo la vida, sin sentido alguno. Vivir tranquilo y sin preocupaciones, cada día un día más y cada día un día menos.
- Es realmente triste. La vida sin búsqueda de la felicidad no es nada. Es muerte. Vete ya si de verdad no tienes nada más que decir, pero yo seguiré amándote, buscaré tus caricias debajo de la almohada como siempre he hecho y esperaré. Esperaré en la eternidad de los mares.
- Hazlo y algún día verás...
- ...
- verás que no hay nada por lo que merezca la pena sufrir.
- ...
- Adiós. Hasta nun...
- ...

Y se marchó, hipócrita y orgulloso, con su amor bajo el brazo, como el ejecutivo con su maletín.

lunes, 22 de diciembre de 2008

Despedida


Sonó el último aviso y subí al tren apresuradamente, sin mirar atrás. Me esperaban doce largas horas de viaje, así que decidí buscar un sitio junto a la ventana para poder apoyarme y descansar. Al encontrar un sitio al lado de una señora mayor, pude notar el viento y la lluvia acariciando mi cara al tocar el cristal. Pasaron horas hasta que desperté. Observé quién había a mi alrededor y escuché como sonaba de fondo el rumor de los pasos del tren y, tras la ventana, íbamos dejando atrás todas aquellas pequeñas cosas. Mientras el revisor ajetreado controlaba a los pasajeros yo empecé a sumergirme en un mundo paralelo. Es un mundo que sólo existe en los trenes, donde el tiempo se desacelera profundamente y la capacidad perceptiva parece aumentar pues cada detalle que puedes descifrar en las miradas de los demás pasajeros o en el ambiente parece un mundo que indagar. No obstante, fuera, en aquellos extensos prados, todo parecía totalmente igual. Apoyé de nuevo mi cabeza sobre la ventana y, en el vaivén de mis pensamientos, mi mirada perdida captó una pincelada roja que ardía aislada en el verde de los campos. Era una rosa, pequeña y melancólica. Bañaban sus pétalos gotas de fina lluvia, y estas, atraídas por las texturas de la rosa, quedaban pendientes de un hilo, en una lucha ínfima por no caer y permanecer dormidas en los extremos de los pétalos para siempre. A pesar de la infinidad de gotas que caían sobre ellas y de cómo las agitaba el viento, aquellas eran incapaces de decir adiós a esa mágica incertidumbre y reflejaban con una pulcritud asombrosa el propio cuerpo y alma de la rosa. Quedé absorto durante un largo tiempo, un minuto de los reales, hasta que vi como una ráfaga repentina se llevó consigo a la rosa, y aquellas gotas volaron sueltas, cómo si la flor llorase emotivamente. Comprendí que aquello no era un hecho casual, pues aquellas gotas que me habían parecido parte de la propia rosa eran iguales a todo aquello que estaba dejando atrás, cada revolución de las ruedas del tren más atrás. Y aún más lejos. Aquellas lágrimas de rosa eran todas aquellas experiencias y personas que eran parte esencial de mi mismo y de las que la vida, dura y cruel como puede ser a veces, me separaba y las hacía polvo infinito en la memoria.

domingo, 12 de octubre de 2008

Selva de Vida

Cuesta a veces encontrar el camino entre la penumbra, entre las ramas, entre las nubes y las nieblas y las personas. A veces te sientes tentado a desistir y parar a pudrirte, dejando que los insectos te hagan parte más de ese cúmulo de residuos que quedan en el corazón de la selva y no llegan a ver nunca que hay tras ella, que esconde esa luz que, a modo de estrellas, ves entre la negrura de la devoradora masa. Crees que va a ser solamente un momento de debilidad y descanso, pero lo pagas caro. Te adaptas a eso que te parece tan cómodo y no te das cuenta de que eso es una mierda absoluta hasta que no te sientes las piernas, y quedas enterrado allí dónde tantos otros están, en esa montaña de desesperanza. Pero siempre hay aquel que decide no parar, o bien por cabezota o por tener las ideas claras quién sabe, y sigue, lucha, nada entre los mares de tiniebla, hasta que consigue dejar atrás la selva. Se le había hablado de un paraíso tras esos mundos que había desafiado, pero no había nada mas que llanuras calurosas a su frente. Movido por una luz había llegado allí para no ver absolutamente nada, sólo otra aventura que tratar de superar para ver si tras ella había paraísos o Felicidad. Y, recuerdo, la Tierra es esférica.