viernes, 19 de septiembre de 2008
Abstracción pura
Era un atardecer veraniego de aquellos en que el viento sopla con suaves caricias. El mar calmado le pedía al Sol un baile y juntos pintaban con sus ligeros movimientos un cuadro surrealista. Nosotros parecíamos ser ese elemento humano que siempre perturba la harmonía de lo pintoresco mientras busca su lugar huyendo del caótico espectáculo de la ciudad, pero en realidad éramos sólo un par de jóvenes enamorados con ganas de nadar el uno en los ojos del otro. No buscábamos nada más que eso que tan fácil nos parecía, escondernos en las faldas del mar y poder pasear nuestro amor nómada por las esquinas remotas que se pierden en el horizonte. Dibujábamos sonrisas en las olas mientras jugábamos a dejar nuestra huella en la orilla y ver como el agua se las llevaba y a nosotros con ellas, a coger las nubes y dormirnos en ellas. Poco a poco iba oscureciendo y parecías flotar dentro de la abstracción, como tras un agujero negro, viendo al otro lado las luces de la ciudad que volaban perdidas y fugaces.
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